lunes, 15 de octubre de 2012

A bordar las calles


A tejerlas. A llenarlas de calor y color. Esto es lo que pensaron en el Departamento de Juventud de Helsinki. Y pusieron en marcha la iniciativa Knit’n’Tag 2012, con la que tropecé con deleite una mañana lluviosa de domingo. El parque Ruttopuisto de la capital finlandesa me recibió con 65 árboles decorados con vivos cuadros fabricados principalmente con lana y telas. 



Según un cartel amablemente traducido al inglés, el objetivo había sido animar a la gente a que decoraran su propio entorno y conversaran sobre el impacto de las manualidades en el bienestar de las personas. Todo ello mediante una obra de arte colectiva abierta a todos los ciudadanos del país.

Algunos de los graffitis habían sido realizado en los talleres organizados por el Departamento de Juventud en primavera y verano, pero otros fueron aportados por otros colectivos y personas por iniciativa propia. La colaboración de todos ellos en el montaje final puede apreciarse en este vídeo:



El parque ha presentado ese aspecto desde el 25 de agosto al 27 de septiembre, y después los decorados han sido trasladadas a distintos lugares sugeridos por sus autores.

Este tipo de arte callejero, conocido como urban knitting (tejido urbano) o yarnbombing (bombardeo con hilos) responde al deseo de aportar una hebra de lana para embellecer la realidad.  Pretende ser una alternativa al graffiti, más cálida y menos agresiva con los objetos que decora, y se ha extendido por todo el mundo y también ha empezado a brotar en distintos puntos de nuestra geografía, como Zaragoza, Bilbao o Madrid.

sábado, 18 de febrero de 2012

Mejor vivir sin miedo

La memoria justificativa y económica que acompaña al Decreto Ley para la reforma del mercado laboral ofrece, entre otros, el siguiente argumento: "al ser el riesgo de despido muy reducido, se desincentiva el esfuerzo y se genera una excesiva resistencia a la adaptación a nuevas necesidades".

Para que rindamos más, mejor inundarnos de miedo al despido. ¿Hemos llegado a una sociedad que necesita recurrir al miedo como elemento oficial para fomentar la productividad? El miedo lo que crea es miseria. Quien piense que puede controlar su efecto hace gala de una raquítica talla intelectual, una absoluta carencia de perspectiva histórica y, por supuesto, de la más mínima calidad humana. Es cierto que el miedo puede activar la obediencia y paralizar la resistencia en un principio, pero, convertido en epidemia social, se torna el más fértil caldo de cultivo para la irracionalidad, la rabia, la violencia y, en última instancia, la atrocidad.

Invocar el mecanismo de protección más básico de la biología como solución representa una renuncia a (o una incapacidad para) buscar alternativas más elaboradas, fundamentadas en los avances, experiencias y conocimientos que la Humanidad ha ido acumulando desde que tembló por primera vez ante el rugido de una fiera.

Lamentablemente ese bagaje más refinado no parece calar con tanta intensidad en el pensamiento colectivo. Su esencia nos dice que el combustible más efectivo para el esfuerzo, la creatividad y el compromiso se compone del reconocimiento, el apoyo y la seguridad de saberse útil y apreciado.

Esa forma de motivación no sólo garantiza la eficacia laboral, también proporciona una satisfacción personal que favorece otros ámbitos de relación social. Constituye un beneficio a largo plazo y una garantía de futuro para cualquir empresa cuyos gestores se interesen realmente por el contenido de la actividad que realizan, la calidad de sus productos y el respeto a los clientes. Unos trabajadores satisfechos y seguros sólo pueden representar una amenaza para directivos o empresarios sin preparación o méritos suficientes para el cargo que desempeñan, o interesados únicamente en enriquecerse ayer mejor que hoy, a costa de lo que sea.

La repercusión de los drásticos recortes en los derechos de los trabajadores que plantea esta ley va mucho más allá del ámbito laboral. La abundancia de medidas dirigidas a prescindir a bajo coste de los empleados o modificar las condiciones de sus contratos (el sueldo, el horario, incluso sus funciones) transmite la convicción de que su ya precario bienestar constituye el mal último que ha generado esta crisis.

¿Nadie se da cuenta de que son los trabajadores quienes van a producir y que privarles de seguridad, medios y dignidad terminará por afectar a la calidad de los productos y servicios que generan? ¿De verdad esperamos algún nivel de competitividad internacional minando la moral del principal activo de un país?

Me preocupa más el trasfondo humano de este planteamiento que el económico. Pero que quienes velan por este aspecto en nuestro país también pasen por alto este tipo de consecuencias se me antoja un auténtico despropósito.

Hasta aquí la reflexión. Mañana domingo hay convocadas manifestaciones en toda España para expresar el desacuerdo con la reforma laboral. La aplicación de esta ley puede afectar gravemente al grado de dignidad que nos devolverá el espejo cada mañana. A nosotros y a las generaciones que nos siguen.

Dicen que mañana hará buen tiempo para salir a la calle y pasear al sol el deseo de no vivir atenazado por el miedo. 


miércoles, 26 de octubre de 2011

Arquitectos de escuela























Colectores de agua en los tejados, edificios en capas  superpuestas para aprovechar el espacio, un tranvía monorraíl elevado. Vegetación y agua, mucha agua. Calles regadas de sentimientos. Deseos y colorido. Todo ello, cuidadosamente recortado , me recibió con un destello de frescura desde una sala de la Fundación Serralves de Oporto una mañana del pasado julio.

Allí se exhibía una gran colección de trabajos infantiles que formaban parte del proyecto Cidades, desarrollado durante todo el curso 2010-2011 por la Fundación y colegios de varios municipios portugueses. Sandra Olim, asesora de comunicación de Serralves, me ha contado por correo electrónico que “la idea surgió de la voluntad de contribuir a la educación de ciudadanos conscientes, críticos y creativos, a partir de una reflexión sobre los espacios urbanos”. 

Con esa intención organizaron talleres para profesores dirigidos por artistas, arquitectos, biólogos y geógrafos, en los que se mezclaron los conocimientos y la creatividad para aproximarse a temas como la habitabilidad, la sostenibilidad o el espacio público. A partir de ellos, los docentes organizaron todo tipo de actividades en sus colegios: visitas de los alumnos a sus lugares de residencia, discusiones e investigaciones con contenidos y perspectivas de sus diversas asignaturas. Y por fin, se les invitó a olvidarse de la realidad y plasmar dónde querían vivir. 

La Fundación proporcionó a cada grupo “una tabla A3 de corcho, y los planos de dos prismas blancos de cartulina, que ellos podían o no usar, multiplicar o sustituir”, me explica Sandra Olim. Los chicos, de entre 3 y 17 años, se pusieron manos a la obra y, a final de curso, expusieron en sus centros los resultados de una nueva forma de aprender, en la que los alumnos tienen una participación más activa. Cada escuela seleccionó un trabajo y lo envió a Serralves, como testimonio de un año de trabajo. En una de las salas del museo, me recibieron así una mañana de julio: