jueves, 18 de octubre de 2012

El cortoplacismo

Uno de los premios Nobel de Física de este año, Serge Haroche, advierte hoy en la revista Nature sobre los peligros del cortoplacismo en la financiación de la ciencia. Su llamada de atención responde a la creciente tendencia a destinar los dineros (públicos y privados) a proyectos con mayores posibilidades de dar frutos aplicables a la práctica lo antes posible. Con el consiguiente detrimento de la llamada ciencia básica, la investigación dedicada a saber cómo funciona la realidad, aunque no vislumbremos inmediatamente dónde encajar los conocimientos que destila.

De manera más pedestre, lo que rechaza Haroche es el "pan para hoy y hambre para mañana" que se extiende cada vez más no sólo por la ciencia, sino por muchos otros ámbitos. El dinero fácil, las inversiones baratas en recursos, personal o sistemas de inferior calidad, que ayudan a salir del paso o a conseguir votos en las siguientes elecciones. En este sentido amplio creo que el cortoplacismo lleva ya demasiado tiempo entre nosotros. Para muchos el mañana del hambre ya ha llegado (lamentablemente no sólo en sentido figurado). Por eso, deberíamos sentir la alerta y empezar a apostar por la previsión, las soluciones quizá más costosas, pero más sólidas, el valor de la experiencia o la reflexión, la ciencia básica y la calidad, sobre todo la humana.

Contar con un término para definir lo que nos daña es el primer paso para combatir sus consecuencias. El siguiente: lanzar una mirada de amistad al largo plazo.

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